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En esta sección presentamos casos emblemáticos de buenas y malas prácticas en responsabilidad social y sostenibilidad

Empresas y calidad de vida

 Por: Evodio Sánchez

Para emprender una iniciativa de calidad de vida en una organización se requiere analizar las condiciones trabajo y su impacto en: calidad del ingreso; descanso y ocio; plan de carrera; alimentación y salud; educación; relaciones laborales y sociales (patrón, jefes, empleados, comunidad); lugar de trabajo; ética empresarial y abusos laborales; transporte; vivienda y servicio público; espiritualidad, religión y creencias personales; lealtad y percepción sobre la empresa.
Mejorar la calidad de vida, debe iniciar con los problemas más graves, como el aumento en costos, ineficiencia de los procesos o multas. Por ejemplo, el ausentismo puede estar relacionado a un clima laboral nocivo o a problemas de salud cuya causa radica en las condiciones laborales.
Alcanzar la satisfacción laboral requiere de una revisión profunda de la misión y visión de la empresa. Pocos trabajadores se sentirán motivados, si saben que la organización tiene como único fin las utilidades. Determinar el grado de compromiso para mejorar depende de la madurez de la responsabilidad social en la empresa. En caso de no tener estas iniciativas, se debe plantear un mapa de ruta basado en los problemas encontrados.
El vacío laboral, es decir, la falta de significado que siente un empleado se debe a la percepción de saber que lo que hace no interesa a nadie. Esto, sin duda, puede ser un reto difícil de solucionar.
Las organizaciones deben buscar un propósito de valor que conecte con los empleados, lo que requiere de una selección de valores apropiados. Las prácticas de responsabilidad social orientadas a mejorar la calidad de vida deben orientarse en salud y seguridad en el trabajo; relaciones labores y derechos humanos; prestaciones económicas y capacitación y sano esparcimiento.
Los beneficios de una calidad de vida sana traen resultados positivos como: mejor desempeño, mayor eficiencia en los procesos, lealtad, reputación, imagen, compromiso, innovación, competitividad y utilidades. Porque las empresas están formadas por personas, y si ellas están satisfechas con su trabajo, probablemente buscarán que su organización siga existiendo en el largo plazo.